Felicidad es un nuevo petit café-restaurante emplazado en el barrio de Las Cañitas. Si bien su propuesta no es vegetariana, ofrece una variedad interesante de alimentos caseros y saludables.
Cajoncitos reciclados en las paredes, saleros con formas de conejitos y cuadros con ilustraciones delicadas trazan un ambiente chic en este nuevo bar-restaurante en la distinguida frontera de Las Cañitas/Belgrano.
Ramiro Fernandes, dueño y alma mater de Felicidad, cuenta que cuando la idea de tener su propio restó aún era un sueño, la exploración de cafés como Gitane, Balthazar y Magnolia, bares populares de la siempre glamurosa ciudad de Nueva York, fueron la inspiración para empezar a imaginar el espacio de comidas, tés y delicias de patisserie.
“Acá hay propuestas vegetarianas en sandwiches y ensaladas, el concepto es fresco, sano y natural pero no light, todo lo hacemos en el momento. Que tengas un producto fresco, caserito recién hecho”.
El recambio de personas que llegan a Felicidad aunque el clima arrecie en una Buenos Aires helada confirma la eficacia de su menú. Y verificamos cómo los muffins, con coberturas (icing) generosas y dulces, las ensaladas coloridas y los blends de té se vuelven chispas de alegría en los comensales.
“La propuesta de la carta consta principalmente de sandwiches y ensaladas” señala Fernandes y destaca que para cada sandwich vale un pan diferente, esponjoso e inolvidablemente casero. “El de salmón sale en baguette de leche, el de pastrón sale en pan de centeno, el veggie sandwich sale en pan de cereales, y el lomo sale en pan de campo”, detalla tentador.
¿Trabajaron con algún chef para concebir la carta de Felicidad?
No. Yo estudié cocina y después me nutrí en viajes, muchos libros y con Internet. Me fui instruyendo e hice la carta a gusto.
Pero también ofrecen blends de Tealosophy...
Sí. Ellos nos presentaron una gama de tés de la que elegís seis o siete variedades, después ellos nos propusieron un blend de acuerdo a nuestra carta que es el blend Felicidad, es un té que tiene vainilla, cacao y coco en una base de té negro.



La cocina está a la vista del público, sólo hay que aproximarse a la barra para curiosear la higiene del lugar, pero también el tratamiento de los alimentos.
¿Cuáles son los tops de la carta?
Lo que más sale es el sandwich de pollo, con panceta, espinaca fresca, albahaca y tomatitos secos y un pan de campo crocante, con papas con oliva y romero, y un poco de ensalada para acompañar. También el de salmón que tiene ciboullette, rúcula y un poquitín de oliva y lo que lo levanta es el pan que es un baguetín de leche que es una nube, esponjoso. Lo hacemos todo acá. De las ensaladas lo que más pide la gente es una que se llama “Abrete Sésamo”, se trata de una ensalada de pollo, y el pollo está empanado en semillas de sésamo negro y blanco, sale con tomates secos y palta. Siempre tenemos unas vinagretas dulces.
¿Hay una propuesta diferenciadora de este lugar respecto de otros?
Es una propuesta un poco más sofisticada, tenemos una cocina muy preparada para empezar a abarcar platos menos tradicionales como el cuscús de cordero, y ahora agregamos ravioles de zapallo con coriandro. La idea es ampliarlo y empezar a proponer a la tarde un poco de “maquillaje”, bajar la luz y ofrecer vinos, las picaditas, y ... de a poco abrir a la noche.
Algunas personas dicen que la Felicidad no existe, y que sólo conocemos destellos de la misma. Aún así, en este restó los brownies, el pan de centeno y las ensaladas nos regalan súbitas explosiones de goce. Por un rato habitamos, entonces, en la dimensión Felicidad.
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