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Myrite Rotstein: bienestar para una vida deliciosa

Myrite Rotstein es una montrealense que además de ser educadora para la salud, naturoterapeuta y coach en bienestar (wellness coach) escribe en un blog en el que transmite gran parte de lo que sabe para enseñar a las personas a tener una relación más balanceada entre sus cuerpos y los alimentos. Pero además, cuenta, le gusta hacer yoga, ir a conciertos y tirarse en una hamaca a leer un buen libro. Porque, claro, el aprendizaje reside en olvidarse un poco de la comida y buscar otras fuentes de goce.

Esta nutricionista candiense desarrolla y lidera diferentes talleres en escuelas primarias y secundarias de Montreal en la que se dirige a profesores, estudiantes y miembros de la comunidad acerca de cómo comnezar a dar los primeros pasos hacia una vida más nutritiva, balanceada y saludable. Pero, dice en su bio, también trabaja con aquellas comunidades que fuera de la ciudad de Quebec no tienen fácil acceso a comidas saludables.

Myrite, a través de sus palabras, transmite una mirada mucho más amplia acerca de la nutrición para ayudar a las personas a empoderarse a través del alimento para que una vida saludable sea accesible a todas las personas más allá de la edad, etnia y o situación financiera.

¿Cómo es tu mirada y tu acercamiento a la nutrición?

Mi acercamiento intenta mirar todo el contexto de la persona enfocado en la salud. Teniendo un conocimiento más amplio de la nutrición de la persona. No doy asesoramiento sobre cómo deberían comer las personas, porque los alimentos que para un individuo son buenos pueden ser intoxicantes para otro, entonces intento acercarme al paciente como persona y ayudarlo a dar pequeños pasitos al interior de un proceso. Un aspecto es cómo comer saludablemente, otro está relacionado con el aspecto social: si comer sólo o comer con otras personas. Observar cómo comen las personas: comés rápido, comés lento, si comés vegetales o frutas. Cuáles son tus hábitos. Enseñar a la gente a bajar la velocidad, cortar con el ritmo habitual y ayudarla a preparar una mesa que sea disfrutable, un plato sabroso y darnos cuenta que quizás no es necesario comer tanto. Ser más concientes en el acto de comer. Y otra de las cuestiones es escuchar más al cuerpo, esto es darse cuenta de si tenemos hambre o no, entender lo que el cuerpo nos dice. La respiración es un componente que las personas no tienen en cuenta al comer y es una gran parte de la digestión. Entonces cuado estás estresado eso afecta tu digestión. Por eso se trata de enseñar como bajar la velocidad. También hay que tener en cuenta cuestiones emocionales que están presentes en la relación con la comida y con la intención de “llenarse” con determinados alimentos. Entonces trabajo sobre la forma de comer de una manera que realmente sea nutritiva y enriquecedora, ayudar a que te des cuenta cuál es la comida que te da energía y a qué hora es mejor para que comas. Mucha gente que hace dieta espera cinco días para disfrutar de una comida que le gusta. En cambio, lo que les propongo es llevar un diario en que cada uno anota qué es lo que comió pero además qué otras actividades de disfrute hicieron cada día y tener algo que te conecte, que te ilumine cada día. Entonces cuándo me encuentro con un paciente no sólo le pregunto lo que comió si no qué hizo ese día, cómo lo disfrutó. Entonces cambio el foco a escuchar al cuerpo, y entonces la búsqueda pasa por pasar a ver cómo se sienten en sus relaciones, en sus carreras y la repercusión que eso tiene en sus cuerpos. Desde ahí empezar a conectar por qué aparecen los dolores de panza o de cabeza, e intentar a establecer un puente entre la mente y el cuerpo.

¿Te consultan dietantes o personas que quieran bajar de peso?

Creo que las personas que me consultan buscan un enfoque más integrador. Y vienen con preguntas acerca de su relación con la alimentación. Pero más bien los ayudo a encontrar las respuestas en ellos mismos. También les enseño que aquellos alimentos que contienen grasas no siempre son perjudiciales, el cuerpo necesita de grasa para poder desarrollarse. Pero tienen que ser grasas “saludables”. Después también les enseño las propiedades de las semillas de llino, del aceite de oliva, entre otros tipos de aceites. No creo que haya una dieta que funcione para todas las personas a largo plazo. Así lo importante es conocer que es lo que funciona bien para cada uno de nosotros que tiene un cuerpo diferente al de los demás. Muchas veces nos encontramos siguiendo una dieta que nos pasó un amigo y los días avanzan y ¡nada ocurre! entonces te enfermás y te das cuenta que ese régimen no es para vos. Entonces creo que se trata de enseñarle a la gente cómo llevar adelante hábitos de vida sana a largo plazo.

¿Qué pensas del hábito de comer como un “premiarse”?

No creo que esté mal hacerlo. El tema es cuándo siempre comés como un reconocimiento. No creo que sea un gran problema, la cuestión pasa más por cómo premiarse de otra manera: salir a caminar, leer un libro, encontrarse con un amigo, ir a un concierto. Nosotros intentamos crear un calendario para cada persona que se va completando con actividades “nutritivas” que deben tener espacio todos los días. Algunas pueden ser a solas, otras con amigos. Para que puedas darte cuenta de que además de comer hiciste otras cosas que te hicieron sentir bien, que te dieron un poder completamente diferente. Por eso cuando algunas personas dicen “hoy me porté mal porque comí cosas que no debía” o “esa comida es mala” porque es una comida que engorda, hay que tener en cuenta que somos nosotros los que le atribuímos ese poder a las cosas que de por sí no lo tienen. Y hay un componente de la culpa y del castigo, por eso alguna gente piensa que después para compensar esa culpa tiene que dejar de comer o sobre-ejercitarse, hay muchas maneras en las que la gente se puede castigar. Cuando en realidad sólo se trata de comida y de su relación con sus propias vidas.

¿Existe una manera de reconectarse con el instinto natural de comer cuando estamos insertos en una cultura que establece una relación entre la comida y de los cuerpos a veces sujeta a un estándard idealizado?

Es interesante pensar esto en relación a las personas que crecieron comiendo lo que se conoce como la “Dieta del Mediterráneo”: comiendo muchos vegetales, granos, aceite de oliva, hojas verdes. O cómo las personas asiáticas casi no incluyen lácteos en sus dietas. También ahora también hay una dieta del “hombre de la cueva” en la que las personas no comen ni lácteos ni granos tan sólo los productos que se encuentran en su “estado salvaje”, recolectados directamente de la naturaleza. O también la gente que hace Raw Food aquí en Montreal. Creo que cuando comemos también tenemos que pensar en nuestro medioambiente, cómo hacerlo según las estaciones del año de manera de sentirnos bien con nuestras dietas. Empezar a pensar qué es lo que necesito comer, basado en mis necesidades, en mi contexto en mi propio cuerpo para sentirme bien, sin enfermarme.

¿Cuál es tu punto de vista acerca de las dietas que proponen el ayuno como uno de los métodos de desintoxificación?

El ayuno es muy común para diferentes culturas y religiones. Tengamos en cuenta que los musulmanes festejan Ramadán y durante muchos días el ayuno es una forma de meditación. También se lo puede pensar como una buena manera de darle al cuerpo una pausa. Especialmente para las personas que vienen comiendo comida muy procesada. Pero también es una oportunidad para durante un par de días enfrentarse con el sentimiento del hambre y poder decir “no”, me dedico a pintar, a leer, a escuchar música en mi casa. Y el cuerpo se vuelve un lugar nuevo. Ayunar por muchos días no creo que sea una buena idea pero hacerlo con cada cambio de estación y darse un día en el que solo consumas tés de hierbas o un jugo desintoxicante sirve para darle al cuerpo un pequeño recreo. De esa manera se puede empezar a eliminar el exceso de consumo carnes y de consumo de alcohol. Pero además creo que es importante llevar adelante una desintoxicación más amplia: liberarse de relaciones tóxicas, o de situaciones que nos intoxican e intentar no ser extremista. La pérdida de peso es un beneficio extra que sobreviene con el cambio de vida. Pero creo que el objetivo más importante es amar tu cuerpo por cómo es.

¿Cuáles son los cambios que comienzan a aparecer?

Para comenzar este proceso de cambio, creo que es una buena idea servir la mesa de una manera agradable, colocar unas flores, hacerse de un momento tranquilo para enfocarse en sí mismo y concentrarse en cómo nos nutrimos. En lugar de comer mientras usamos la computadora, ahí nuestro cuerpo no recibe el mensaje de si está lleno o no, y hace que la gente coma más. Otra de las propuestas es que las personas lleven adelante un diario en el que escriban no sólo lo que comen si no también cómo se sienten respecto. Hay muchos especialistas que sostienen que la medida ideal para determinar cuánta comida necesitamos cabe en la palma de nuestras dos manos. También es interesante tener en cuenta que hay que darle al cuerpo por lo menos 20 minutos para percibir la saciedad después de una comida. Entonces otra buena idea es pararse de la mesa y dar una vuelta (claro que hay que hacerlo despacio para no interrumpir la digestión) y volver a sentarnos para preguntarnos si aún nos sentimos llenos. O por cada vez que das un bocado, bajar el tenedor. Es un hábito que no mucha gente tiene.

¿De qué manera recomendarías el inicio de este proceso en una cultura que se destaca por el consumo de carne?

Creo que actualmente es una decisión que también implica el cuidado por el medio ambiente. Incluso las acciones de dejar de comer carne una vez a la semana realmente pueden ayudar en la disminución de consumo mundial. 

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Tasty Life Blog

Fuente de la imagen: 
Diseño: Delicia Andino
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