Aprender a andar en bici es un rito de iniciación. El uso de esa máquina de confiable y sencilla es el pasaje de la infancia a la niñez. En el horizonte de las ciudades se delinea ahora el mismo camino de regreso a lo simple. En medio de la crisis energética, la cultura de las bicicletas crece y se multiplica. Y este simple y económico invento no sólo es una solución para la congestión de tránsito, también da una respuesta a la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono. En el mismo movimiento revierte un modo de vida sedentario que, combinado con la mala alimentación, contribuye a la expansión de epidemias como la obesidad y la diabetes.
En el documental Pedal Power, producido por CBC Radio Canadá, las calles de Nueva York son escenario para otro round ganado por las bicis. En el corazón de Manhattan, tres personas se desafían a llegar al mismo destino mediante tres alternativas de transporte como la bici, el taxi y el subte. ¿Sorpresa? es una ciclista la que noquea a sus contrincantes con un récord de 20 minutos de pedaleada, contra 35 de viaje subterráneo y 45 minutos arriba de un taxi. La ecuación, dicen los que saben, es fácil: más bicicletas en las calles se traduce en una reducción de autos en el tráfico. Pero la puesta en acción debe saltar algunas vallas: le llevó cuatro años a la alcaldía de Nueva York convertirse en una ciudad más amigable para los ciclistas.
Robert Hurst, especialista en ciclismo urbano, asegura en su ensayo “The Cyclist´s Manifesto” que el automóvil más eficiente y ecológico, consume 20 veces más energía que un ciclista para transportar al conductor a igual distancia. También remarca que Norteamérica avanzó en la dirección contraria: las personas cada día cumplen jornadas más extensas, y luego se “desconectan” frente a una pantalla de computadora o de TV. “Los humanos necesitan el ejercicio tanto como dormir, comer y abrirse a la aventura. Entonces si necesitás ejercitarte y también trasladarte, ¿porque no hacer los dos al mismo tiempo?”
¿Bici-Buenos Aires?
A Guillermo Dietrich, el subsecretario de Transporte del PRO, se lo ve llegar en bici a su oficina en el microcentro, así lo confirma un video subido al grupo de Facebook “BAMejorenbici”. Es uno de los pocos políticos que asegura pedalear dos o tres veces a la semana para llegar al trabajo. Además dice estar leyendo el libro de David Byrne, Diarios de Bicicleta. En este diario de viajes el ex líder de Talking Heads, militante del ciclismo urbano, después de dar vueltas por Buenos Aires y pasear por nuestra versión plastificada de Tierra Santa en la costanera, se desvela: ¿Por qué nuestra ciudad carece de una cultura bici-amiga si cuenta con la topografía y el clima ideal para ello?
Buenos Aires cuenta con escasos 30 km de ciclovías/bicisendas protegidas habilitadas para circular de las cuales 5.2 km son bicisendas y 24.8 km son ciclovías. La diferencia entre las dos es que las ciclovías separan al ciclista de los autos por medio de un cordón de cemento. Otro dato relevante es que una de las encuestas del Gobierno del PRO revela que el 40 por ciento de las familias porteñas cuentan con una bici en sus casas, lo que facilitaría la adopción del hábito.
Dietrich cree que el aumento del uso de bicicletas es una tendencia irreversible para Buenos Aires y apunta, mediante acuerdos con hoteles, empresas y ONGs a que la presencia de las bicis en la ciudad sean la punta de lanza de su gestión. “Ya hay una ley ligada a los estacionamientos para dejar la bicicleta, este decreto obliga a los estacionamientos a cobrar un 10 por ciento de la tarifa de un auto. La estadía cuesta alrededor de los 3 pesos, la hora de estacionamiento debería costar máximo 1 peso veinte”. El biciministro proyecta para una primera etapa que finalizaría en 2011 (hasta el momento la ciudad cuenta con 45 km de ciclovías) las obras que le darán a la ciudad 100 km totales de bicisendas.
Si bien Buenos Aires aún está lejos de ser amiga de los ciclistas, es posible imaginar que muy pronto lo será. Félix Busso de Masa Crítica, un grupo de ciclistas autoconvocados que circula como una enorme tropilla de velocípedos por las calles una vez al mes, aclara: “Hay que entender la diferencia entre una bicisenda y una ciclovía. La bicisenda está por encima de la vereda y convive con el peatón. La ciclovía se encuentra sobre la calzada (el asfalto) y esta separada físicamente del auto. Por otro lado existen, en algunas avenidas, los carriles preferenciales destinados a compartir la calle con los autos. Pero muchas veces no son respetados por los que circulan, los que estacionan y se detienen sobre el carril”. La construcción de bicisendas es una manera de estimular el uso de la bici, en especial para las personas a las que le da temor lidiar con el tránsito porteño, en ellas reside un peligro latente: “que te discriminen y te manden a usar la ciclovía cuando estás circulando con todo tu derecho en la calle que es para tránsito de todos”.
En los foros de ciclistas en la Web se palpita el estado de situación: para algunos los automovilistas son “esa gente frustrada y enojada”. Sin embargo hay quienes responden: “Quizá los conductores de autos están un poco celosos. Ellos están atascados en el tráfico mientras nosotros nos estamos divirtiendo”. Así, los ciclistas ayudan a descongestionar las calles y evitan la polución. No vendría mal entonces bajar alguna vez la ventanilla y agradecerles.
Ciudades Bici-amigas: (fuente revista Brando ).
1. Amsterdam, Holanda
Amsterdam reina en el ránking de ciudades “bicycle-friendly”: el 40 por ciento de los viajes urbanos se realizan en bicicleta. El sistema público de alquiler de bicis se complementa con estaciones para estacionarlas y una infraestructura que permite trasladarlas en subtes y trenes.
2.Copenhage, Dinamarca
Cerca de un 32 por ciento de los residentes de Copenhage viaja en bicicleta a sus trabajos. Cuenta con un sistema público de “Bike-Sharing” y es una de las ciudades pioneras en el movimiento “Cycle Chic”, que intenta imponer la bici como una tendencia glamorosa y sustentable.
3. Bogotá, Colombia
Si bien Bogotá no cuenta con las mismas facilidades que otras ciudades más desarrolladas para acercar las bicis a los ciudadanos, algunos la llaman “la Amsterdam latinoamericana”. Son 350 mil los colombianos se mueven en bici, lo que supone el 5% de los desplazamientos. La bicicleta es protagonista en una ciudad que los domingos cierra 100 km de sus calles al tránsito, para otros deportes urbanos como el skate y el patín.
4. Curitiba, Brasil
La ciudad de Curutiba tiene en el núcleo de su planificación urbana a la bicicleta. Los esfuerzos por imponerla como medio de transporte datan de hace más de 40 años y las bici-sendas son una presencia constante en la urbe. También cuenta con su versión de “Cycle Chic”.
5. Montreal, Canadá
Desde hace dos años, Montreal es la primera ciudad norteamericana en incorporar un sistema público de bicicletas (BIXI) que, administrado por una subsidiaria del gobierno local, ya es un éxito comercial: se exportó a Melbourne, Toronto y Londres. El sistema se articula con energía solar y un sitio web en el que los ciclistas consultan kilómetros recorridos y ahorro de emisiones de dióxido de carbono. Los 400 km de bicisendas reafirman la amistad entre el ciclista urbano y las calles.
6. Portland, Oregon, Estados Unidos
Portland es considerada una de las ciudades más Bikefriendly de EE.UU, tanto es así que al llegar al aeropuerto las bicis están al alcance de los pasajeros. Son utilizadas por un 9 por ciento de la población y hay 400 km de bicisendas colaboran con el fenómeno.
7. Basilea, Suiza
Basilea cuenta con bici sendas pensadas especialmente para los ciclistas en las que tienen la exclusividad de giro. También provee un sólido sistema público de alquiler de bicicletas.
8.Barcelona, España
Bicisendas, señales de tránsito y mapas hacen de Barcelona una de las ciudades con mayor integración de sus ciclistas. Un circuito especial recorre todo el perímetro del corazón de la ciudad, y cuenta con 100 estaciones para alquilar y estacionar bicis.
9.Beijing, China
La bicicleta es una de las soluciones para evitar el caos de tránsito en la ciudad de Beijing. Como respuesta a la polución, en 2015 está ciudad contará con 50 mil bicicletas para uso público.
10. Trondheim, Noruega
La tercera ciudad más poblada de Noruega adoptó la bici como amiga, pese a la ondulada topografía que obliga a pedalear cuesta arriba. Trondheim dio una solución novedosa al problema: ascensores de bicicleta que funcionan como telefericos y trasladan a los ciclistas a lo largo de las zonas elevadas.
Autora: Florencia Goldsman